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La familia García es el motor de Burros Blancos

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burros blancos09Es una trama sobre el amor de una familia. Con capítulos llenos de disciplina, sacrificio y determinación como vías para alcanzar el éxito. Es una historia de pasión por el futbol americano que se ha vivido en tres generaciones.

Es un relato con tres hermanos como protagonistas y el próximo sábado viviría un punto climático en caso de alcanzar una dicha inédita: un campeonato en Liga Mayor.
Luis, Marco y Alejandro García Alfonso Mancilla

Se trata de una saga en la que Alejandro, Luis y Marco García, los dos primeros jugadores y el tercero como coordinador ofensivo, intentarán obtener el próximo sábado el título de la Conferencia Jacinto Licea de la Liga Mayor para los Burros Blancos del Instituto Politécnico Nacional (IPN).

La empresa no será fácil, el reto para la familia García y el equipo será vencer en el estadio de la Ciudad de los Deportes a su orgulloso hermano de institución, Águilas Blancas.

“Aunque hemos tenido muchos logros individuales, no se ha dado que alguno de los tres hermanos gane un campeonato en la Liga Mayor. Hemos trabajado mucho para hacerlo y sería como la cereza del pastel”, admite Marco García, responsable de los planes ofensivos de Burros, ex quarterback del equipo y el mayor de los tres hermanos.

“Desde infantiles no he vuelto a salir campeón. Es muy curioso porque he estado en equipos muy buenos, pero por lo que sea, no se ha dado”, agrega Alejandro, quien se desempeña como el mariscal de campo y es considerado como el mejor en dicha posición actualmente.

Sin embargo, pese a la efervescencia y expectativa vivida esta semana en la comunidad del IPN por el duelo entre sus escuadras en pos del cetro, los hermanos García acuden a la fórmula que en el pasado les ha dado buenos dividendos: a las horas de preparación con el resto del equipo, se añaden las cenas en casa o los traslados en coche desde su hogar, al sur de la CMDX, hasta Zacatenco como las sesiones de estudio extra, en el que sacan la ventaja de tener al coordinador ofensivo en casa y así preparar la estrategia que implementarán en el emparrillado.

“Es un hábito que hemos desarrollado con el paso del tiempo. Antes me costó un poco más de trabajo, porque Alejandro y Luis tendían a ser un poco más distraídos y al principio no fue fácil diferenciar mi rol más como coordinador que como hermano, pero en la actualidad ambos son mucho más aplicados y comprometidos con su preparación para los partidos”, comenta Marco, quien fue el autor intelectual de que la ofensiva de Burros Blancos terminara la temporada regular con el mejor ataque de la Conferencia en yardas ofensivas totales (dos mil 748) y yardas por pase (mil 857).

“Es una gran ventaja tener al coordinador en casa”, narra en tono juguetón Alejandro, quien juega con el jersey #9. “Ya más tranquilos, antes de irnos a dormir podemos hablar más detalladamente de las tendencias que Marco detecta en las defensas rivales o acordamos cómo podría funcionar mejor una jugada”.

Marco acepta que uno de sus retos principales lo tuvo cuando cayó en cuenta que tanto Alex, como Luis, el hermano “sándwich” y quien porta el #7, se desempeñaban como quarterbacks.

“Entendí que tenía que tenerlos a ambos en campo. Poseen demasiado talento y son muy buenos atletas como para no aprovecharlo, así que le propuse a Luis que jugará como receptor e integré algunas jugadas en las que también está de quarterback”.

La idea dio grandes dividendos: Luis culminó la temporada 2019 como el segundo mejor receptor en yardas por atrapada de la Conferencia, a solo nueve yardas del líder.

La base está en casa

El árbol genealógico de los García siempre ha estado emparejado al futbol americano. Marco Antonio García Ramírez, el padre de la familia, jugó en Liga Mayor para Guerreros Aztecas de 1986 a 1991, honrando la pasión por el juego que también tuvo su papá, Abel García García, pero con Cheyenes de Voca 2.

Ese amor al deporte, pero en especial al de las tacleadas, lo sembró en sus hijos y, respaldado por su esposa, Patricia Rosado Pérez, apoyaron el desarrollo de los muchachos llevándolos a los entrenamientos, asistiendo cada semana a los juegos. Curando en casa lesiones. Desayunando, comiendo y cenando futbol americano.

“Sin duda que nuestros padres tuvieron un papel muy importante en nuestro desarrollo. Creo que antes de aprender a caminar, mi papá nos enseñó a lanzar y cachar el balón,” narra Marco, quien luego de terminar la elegibilidad en Liga Mayor, actualmente es quarterback en Mayas de la LFA, con los que ya fue campeón, pero también estudió ingeniería mecatrónica, misma carrera que tomó Luis, mientras que Alejandro cursa ingeniería industrial, todos, paradójicamente, en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Pese a que faltan horas para el kickoff, los hermanos García ya tienen claro cómo querrían que darle el cerrojazo al gran reto de ganar un título en Liga Mayor. No se trata de vanidad o de ego, se trata de enaltecer mostrar lo que hereda el amor de la familia.

“Si ganamos el sábado, tenemos claro que se lo dedicaríamos a nuestros papás, por el apoyo que nos han dado en todo momento. De ellos no sólo hemos obtenido halagos, sino que muchas veces son los primeros que nos critican e impulsan a mejorar”, enaltece Alejandro.


 Información de ESPN

 

 

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