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Se fueron... (in memorian)

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Sea esta columna un sencillo pero muy sentido homenaje a tres amigos que partieron de este mundo el pasado fin de semana, sus nombres son sinónimos de un sinfín de valores: amor, amistad, respeto, tenacidad, entusiasmo, honestidad, lealtad y todos aquellos que el juego de la vida, el futbol americano, nos ha mostrado. Esos seres hoy ausentes físicamente permanecen en el corazón de todos quienes los conocimos. Ellos son el ingeniero David Flores, el coach Javier Chávez “Bebé Oso” y el joven Carlos Fernando Garza.

 

Ingeniero David Flores.

El ingeniero David Flores fue el padre de mi amigo Francisco David Flores Cirett y abuelo del jugador de los Pumas de la UNAM y seleccionado sub-19 de México, David Flores Estrada.  Y aún tengo en mi mente aquel lejano año de 1972, en el mes de mayo y junio, cuando el ingeniero nos llevaba los fines de semana de Tlaltleolco, donde residían, hasta Villa Coapa; ahí había una gran cantidad de llanos y tanto a Pancho, su hermano Oscar (qepd) y a mi nos ponía la utilería del football y nos enseñaba los fundamentos: posición, correr, tacklear, bloquear, etc.  Sólo unos meses después, en verano, jugaríamos con el club Parras donde además el ingeniero Flores apoyaba decididamente a la organización.

 

Alguna vez platicando con él supe que también, debido a su acrisolada honestidad, fue tesorero de aquel circuito denominado AMFA por el año de 1973.  Fue un excelente padre de familia, el cual,  otorgó a sus hijos todas las herramientas físicas y morales para su desempeño deportivo e intelectual.  En este último aspecto seguro se sintió tan orgulloso como muchos quienes conocíamos a la familia Flores Cirett de que Vicky, Pancho y Oscar los tres fueron de los mejores estudiantes egresados de la Facultad de Odontología de la UNAM.  Pancho el mejor de su generación, Oscar un investigador de talla nacional en nuestro país hasta su prematuro deceso.

Siempre hay ejemplos a seguir, en mi etapa de promotor, don David Flores es uno de mis personajes que deseo emular pues siempre actúo de manera desinteresada y en beneficio de la niñez del México de otros años.  Descanse en paz al hombre que le debo el andar en el camino del football americano.

Coach Javier Chávez

Un día después, el domingo, se nos fue nuestro entrañable amigo y coach de la Vocacional 6 del IPN Javier Chávez a quien todos decíamos “Bebé Oso” Un gigante no solo físicamente sino de los emparrillados y de la amistad.

Algunos excompañeros de la legión guindiblanca le han llamado Guerrero en este su adiós y no le queda corto el apelativo pues Javier es un ejemplo de tenacidad, perseverancia y longevidad deportiva. Desde sus años de deportista en los Búhos -en la década de los años setenta- se le había detectado diabetes, pero este joven más que amilanarse continúo con gran entusiasmo su desarrollo deportivo hasta la liga mayor donde no pocos comprobaron la fuerza de su tonelaje, técnica y excelente golpeo que propinaba en las trincheras.

Siendo jugador de liga mayor y con su espíritu solidario a los Politécnicos se convirtió en coach de los semilleros Búhos en las categorías juvenil e intermedia.  En los años noventa cuando surgió la Liga Máster y a pesar de contar ya con sus cuarenta años a cuestas siguió en el deporte formando parte de aquel brillante equipo de los Caballeros Rojos y en particular de la línea ofensiva a quienes apodaban “Las Vacas locas” pues cada angelito superaba con facilidad los 130 kilogramos y el 1.90 de estatura.

Al Bebé Oso, lo conocí en el equipo campeón juvenil de 1979 de la vocacional 6 del IPN como  coach, él entrenaba a la línea ofensiva y aunque yo estaba en el backfield conviví con él pues le causaba gracia el sobrenombre del Twist y de vez en vez nos divertíamos con la “carrilla” de los apodos.  Pero en 1996 cuando los Caballeros Rojos vinieron a jugar la final de la liga máster contra los Dinosaurios de Saltillo; trabajando en los medios locales me tocó entrevistar en el estudio de la televisora a “las vacas locas” Toño Moreno y al propio Javier Chávez; en el cierre del programa Javier se despidió de mi al aire sonriendo y diciendo “adiós Twist”.

En ese viaje a Saltillo trajo a su “banda” (como llamaba a su familia) y pudimos acrecentar la amistad al convivir con nuestras familias y conocer a su pequeño hijo Javier que hoy es un enorme jugador que concluyó su liga mayor, él sigue activo en el llamado metafootball y le dio la alegría a su padre de ver jugar a su nieto de ya casi 10 años. Descanse en paz el “Bebé Oso”.

 

Carlos Fernando Garza

Y finalmente el lunes fallece en Saltillo, Carlos Fernando Garza Ramón exjugador de futbol americano de los Daneses del Ateneo Fuente allá por el año de 1988 cuando los Daneses eran invencibles en la liga juvenil novatos y en la intermedia de preparatorias de Monterrey.  Sin duda una de las mejores épocas del futbol ateneísta.  Generaciones increíbles de jóvenes que llegaban de todos los equipos de la AFAIS, entre ellos los Vaqueros que una gran camada aportaron a los escarlatas entre los que se distinguía Carlos Fernando “El Yuca”, quien siempre con su sonrisa a flor de labios y su don de gente se ganó la simpatía de todos sus compañeros de equipo.

Si bien decimos que fue una de las épocas más brillantes de los equipos del Ateneo debo decir que por lo mismo no era fácil acceder al equipo que dirigía el coach Castro, es por ello que la partida de un militante como lo fue Carlos Fernando de la legión rojiblanca siempre causa pesar pues él junto a su generación ayudaron a construir un prestigio en el futbol americano del norte que si bien se ha ido apagando poco a poco, recordar a estos muchachos es revivir una época dorada del football ateneísta. Descanse en paz Carlos Fernando Garza hacedor de la tradición triunfal rojiblanca.

 

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