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Desde el Norte: Falleció el Porro

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Hoy nos dio la noticia Ricardo Alfonso Martínez Alemán “El Marciano”, que “El Porro” Jesús Ramiro Méndez Méndez había fallecido por la mañana.  “El Marciano” y el Porro” así como todos los compañeros de la generación CXII del Ateneo Fuente teníamos nuestros sobrenombres y así era como nos dirigíamos a cada uno de los que pertenecimos tanto a la generación como al equipo de futbol americano Daneses.

En cuanto leí el comunicado lo primero que vino a mi mente fue el joven “Porro” pues nunca más, después de salir de la preparatoria, convivimos. Quizá alguna vez le miré, yo parado en la calle y él conduciendo una unidad de transporte urbano a través del cual se ganaba la vida.

Pero las veces que –los exjugadores- le mencionábamos al calor de las anécdotas del equipo Daneses o de los estudiantes de la generación había un recuerdo que predominaba por sobre todos. El día que había quedado fuera de la escuela por la calificación reprobatoria que recibió en matemáticas de uno de los maestros “líder corredor” (así le decían al maestro los estudiantes que jugaban americano) pues por las calificaciones reprobatorias que endilgaba a los alumnos lo hacían ser el máximo corredor de estudiantes de la escuela.

Ese día de abril de 1979 me encontré en los pasillos de la escuela al “Porro”, nuestro rudo guardia nariz y a veces linebacker de la categoría intermedia.  “Qué onda Porro, qué andas haciendo”; “Ando buscando a un wey, acompáñame ¿no?” “¡Órale!” y en los salones pares que se ubican en el ala sur del antiquísimo edificio comenzamos a caminar, se paró frente a la puerta del salón 14 y tocó, yo me coloqué atrás de él pero estirando el cuello para ver si conocía a algún alumno de ese grupo.  Le abrió la puerta un joven de nuestra edad y el Porro lo hizo a un lado, abrió la puerta de par en par. El profesor estaba frente al pizarrón de color verde con la mano levantada y el gis en los dedos escribiendo quizá una fórmula matemática.

Yo miré entonces desde atrás del “Porro” al profesor que estaba inmóvil y todavía más petrificado y en color rojizo se quedó cuando el “Porro” preguntó voz en cuello: “¡¡heee razaaaa!! ¿No han visto al Camarón por aquí? (ese era el apodo del maestro). Silencio total y yo desde atrás casi me infarto pues era este uno de los profesores más honorables del plantel. Prosiguió el Porro, “Bueno, pues si lo ven díganle que vaya y ¡Ch…. a su m…! de parte del Porro”

Para cuando el Porro estaba terminando de decir eso yo ya estaba en el otro patio tras una endiablada carrera y desde ahí alcancé a ver cómo el Porro cerraba la puerta con calma y se venía caminando por el pasillo cual pistolero del lejano oeste.  Poco después fueron saliendo los alumnos en silencio y orden.

Ese era él, mi compañero de equipo el tremendo Porro, fallecido, ojalá su vida haya cambiado, no lo sé, pero lo que si sé es que aún cuando a estas alturas del juego tratamos de ver la vida desde la óptica de la etapa adulta quizá ya sub 60, más cerca del incen que de otra cosa. No podemos negarnos como parte de una generación que desbordamos normas y preceptos de la buena educación. No hay marcha atrás y los recuerdos siempre estarán ahí no podemos pelearnos con ellos, solo reconciliarnos.  Descanse en paz Jesús Ramiro Méndez Méndez el famoso “Porro”.

 

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