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EL ÚLTIMO PARTIDO libro de John Grisham (tercera y última parte)

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El golpe de calor ocurrido a Scotty Reardom sucedió durante una sesión dominical a la que Rake sometió a su equipo por no estar de acuerdo en el desempeño del mismo durante el scrimmage del sábado.  Creo que todos sabemos lo que significan las “Escaleras” y más cuando se tiene estadio para practicar; así que con 38 grados y un terrible ritmo de los espartanos en las gradas con subidas y bajadas de 20 y 50 escalones de hasta 8 secciones una y otra vez, cobraron finalmente la vida del joven de 15 años que pesando 80 kgs, solamente pesó 60 al fallecer.

 

Fue el final de Rake al frente de los Espartanos y la medida de separarlo dividió al poblado, pero no hubo marcha atrás y cuando los Espartanos jugaban el público veía hacia una pequeña colina cuya vista daba exactamente al terreno de juego, desde ahí y en el interior de su vehículo Eddie Rake observaba a los Espartanos.  La banda musical de Messina –que también le debía a las negociaciones de Rake los uniformes y los instrumentos musicales para ser la mejor del estado- tocaba siempre el himno de Messina en dirección a la ladera.

El otro momento del libro es sin duda cuando le ceden el uso de la palabra a Nelly Crenshaw durante el homenaje póstumo en el estadio Rake.  Nelly el mariscal de campo con el mayor futuro deportivo de Messina temblaba y le sudaban las manos hasta que comenzó a hablar y tomar conciencia de cómo Rake seguía controlando el mundo de los espartanos y de Messina aún ya ausente.

Se dio cuenta de la responsabilidad que le había dejado pues al fin de cuentas Rake ya se había disculpado públicamente de aquel golpe que le asestara en el rostro a Crenshaw en 1987.  Ahora le tocaba a Nelly regresar la copa o verterla en un acto de total rompimiento con su antiguo coach.

“Mirad, no soy un juez, ni un pastor y no estoy acostumbrado a hablar en público” Y no hacía falta sus fans, sus compañeros lo querían, era el héroe de los espartanos y escucharían atentos lo que Nelly dijera.

Y comenzó hablando de la última vez que vio a Eddie Rake, una noche a última hora en el cuarto del hospital hasta donde Rake había entrado a escondidas y pese a que una enfermera le hubiera pedido que saliera; éste se negó y dijo que lo haría en cuanto estuviera preparado para hacerlo. No habían vuelto a hablar desde el asunto del vestidor en el juego de campeonato de 1987.  Después de unos minutos embarazosos por la barbilla metida del coach en el pecho y su gorra apretada entre las manos poco a poco comenzaron a platicar como nunca antes lo habían hecho, en esa habitación de hospital

Se habló de antiguos partidos, de jugadores, momentos de recuerdos del futbol de Messina .  Pero cuando Rake le preguntó a Nelly sobre la lesión, su mariscal de campo le contó lo que habían dicho los doctores: su carrera deportiva había terminado, en ese momento a Rake se le humedecieron los ojos y se pasó un buen rato sin poder hablar.  Una prometedora carrera deportiva había terminado de un solo golpe.

Al final de la plática Rake habló del juego de campeonato de 1987.  “Me pidió disculpas por sus actos y me  hizo prometer que lo perdonaría.  Otra promesa que tampoco cumplí… Hasta ahora”.

“Dejé la escuela, comencé a dar tumbos por todos lados, me empeñé en olvidar a Messina y a Rake y todos mis sueños rotos. La palabra football era para mí como una maldición. Dejé que la amargura se enconara y se intensificara. Y decidí no regresar jamás aquí.  Con el tiempo hice todo lo posible por olvidar a Eddie Rake”.

“Hace un par de meses me enteré que estaba muy enfermo y que probablemente no sobreviviría. Habían transcurrido 14 años desde que yo pisara por última vez este campo en la final del 87.  La noche en que el entrenador Rake retiró mi número, como todos los antiguos jugadores presentes hoy aquí, experimenté la irresistible necesidad de regresar a casa.  Y de regresar a este campo donde antaño fuéramos los amos del mundo. Con independencia de los sentimientos que me inspirara el coach Rake, sabía que tenía que estar aquí cuando él muriera.  Tenía que despedirme de él. Y tenía que decirle, finalmente y con toda sinceridad, que acepto sus disculpas… Habría tenido que hacerlo antes”.

Nelly continúo hablando, sobre todo acerca del amor y odio al coach. El sentimiento más usual hacia su persona era el odio mientras eras jugador, cada silbatazo, cada gruñido. Toda su intensidad se llegaba a odiar. Pero cuando se era exjugador cada día a cada momento ante cualquier dificultad oyes su voz instándote a no vencerte, a seguir adelante a levantarte cada vez que caes, es entonces cuando se ama al coach y a sus enseñanzas. El alejamiento del coach es a su vez una terrible sensación de ausencia de protección.

Las última palabras de Nelly fueron: “He querido a cinco personas en mi vida: a mis padres, a cierta chica que hoy está presente aquí, a mi exmujer y a Eddie Rake”

Cuando Nelly Creshaw está por abandonar el pueblo en su mente surge un pensamiento: “Déjalo ya –se dijo- Jamás volverás a ser el héroe. Aquellos días ya se fueron”.

 

 

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